Historia

Los restos arqueológicos más antiguos en esta zona se han adscrito a la época eneolítica (III milenio a.C.) pero se estima que hasta el II milenio a.C. no se produjo la primera colonización importante de la Tinença, puesto que se han locaizado numerosos yacimientos con restos cerámicos que permiten adscribirlos a la edad del Bronce y a la época Ibérica. Asimismo, cabe destacar el conjunto de pinturas rupestres de arte levantino de la Cova del Polvorí o dels Rossegadors (la Pobla de Benifassà). Se supone que la Tinença comenzó una etapa de explotación agrícola y ganadera en el Bronce, que continuó en la época iberorromana.

Aproximadamente entre el año 714 y 1.208, los musulmanes dominaron la zona. Todo el valle y los poblados situados en los altos de las montañas, fundados probablemente con fines militares, debieron constituir un dominio dependiente de Morella y defendido por el Castillo de Benifassà (siglos X-XII), denominado originalmente Beni-hazà o Beni- Hasan del que en la actualidad tan solo quedan algunas estructuras en pie.

La dominación cristiana inicia la época de mayor auge económico, social y cultural de estas comarcas, que fueron conquistadas por la corona aragonesa manteniéndose bajo su poder hasta el año 1.232-33, pasando entonces a formar parte de los dominios del Monasterio de Poblet. Dependiente de este se creo el Convento de Santa María de Benifasar, cuyas obras se acabaron el año 1250, que durante siglos gobernó la zona. Desde la constitución de Morella como ciudad la Tinença se mantuvo bajo su influencia administrativa, social y económica. Durante muchos años, Vallibona formó parte de la Tinença de Benifassà (hasta pasar a la jurisdicción de Morella). Florece entonces la burguesía comercial y ganadera y se arraigan gremios de artesanos y campesinos. Posteriormente la economía de la comarca experimenta un importante auge principalmente debido a la demanda de lana, con lo que se desarrolla especialmente la ganadería ovina dejando su impronta en el paisaje.