Historia

El sutil mosaico de las sierras de Portaceli y Calderona no es sólo obra de la naturaleza. Conviene no olvidar que estas modestas pero abruptas montañas han sido sobre todo el escenario secular del tenaz trabajo de mujeres y hombres modelando unos paisajes que bien pueden calificarse de culturales. La vegetación natural se ha combinado desde hace siglos con los campos de cultivo, con el pastoreo o con la minería.
 
El devenir histórico de este territorio no puede entenderse sin la presencia humana y, muy especialmente, de algunos importantes monasterios. En el valle de Lullén se alza la imponente cartuja de Portaceli, fundada en 1272, y cuyo priorato abarcaba buena parte de la sierra. De ella dependían tres granjas (La Pobleta, La Torre y la Casa Blanca) y sus bienes incluían ventisqueros para almacenar la nieve natural, minas, amplios bosques. En la vertiente norte, el valle de Toliu acoge el más humilde convento franciscano de Sant Espèrit del Mont.
 
El mosaico agrícola está formado por secanos tradicionales de algarrobo o viña ganados a las laderas en forma de bancales. Más tarde vinieron los almendros y cerezos. Cuando el agua lo permite aparece siempre una pequeña huerta

Portaceli y Calderona constituyen desde hace años un espacio de ocio y recreación para el Área Metropolitana de Valencia y para las comarcas que rodean la sierra. Desde principios del siglo XX el histórico trenet de vía estrecha -ahora metro- que llega hasta Bétera y Rafelbunyol o el ferrocarril de Aragón, que recorre el valle del Palancia, permitieron el acceso ciudadano, antes de la generalización del vehículo privado.