Flora y vegetación

El aislamiento y la condición volcánica del archipiélago han producido un fenómeno de gran importancia: la aparición de nuevas especies. Condiciones a las que se han adaptado las plantas: espacio emergido reducido y suelo escaso, aridez y sequía, tempestades, gran insolación, salinidad elevada y exceso de abono nitrogenado (excrementos aves) y, además, la presión humana (incendios, introducción de conejos,...).

Las plantas aprovechan las escasas lluvias para florecer y dispersar las semillas con rapidez. Entre marzo y principios de junio, dependiendo de la lluvias, podremos disfrutar de un estallido de colores y olores en la Isla que hará falta imaginar si la visitamos durante el verano.
 
Destacan dos endemismos: mastuerzo marítimo de Columbretes (Lobularia maritima columbretensis) y la alfalfa arbórea (Medicago citrina). La planta predominante es el sosa fina (Suaeda vera) que cubre mayoritariamente "l'Illa Grossa". Otras destacables son la zanahoria marina (Daucus gingidium), el hinojo marino (Crithmum maritimum), el cambrón (Lycium intrincatum) y la paternostrera (Withania frutescens).
 
Presenta un claro gradiente entre las zonas más próximas al mar y las situadas en cotas más elevadas y protegidas. Sólo algunas especies más resistentes a la salinidad, como el hinojo marino y la zanahoria marina, colonizan los peñascos más próximos al agua; mientras que en las partes altas de las islas se extiende un matorral nitrohalófilo dominado por la sosa fina o el mastuerzo marino.
 
En las zonas donde hay un poco de suelo, las plantas aprovechan la intensa fertilización producida por las aves marinas, la abundante insolación y la ausencia de herbívoros, floreciendo espectacularmente cuando llegan las lluvias primaverales y otoñales. Durante el verano, que se prolonga durante 5 meses, toda la vegetación se agosta, produciendo un fuerte cambio en el paisaje.