Historia

Poblado Ibérico de Benimaquia
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El Montgó ha sido testigo del caminar de la especie humana, prácticamente desde sus inicios, y el hombre ha ido dejando sus huellas desde tiempos prehistóricos. Numerosos yacimientos y restos confirman esta presencia:

Paleolítico:

 Las muestras más antiguas de la presencia humana en este entorno datan de hace 30.000 años, en el paleolítico superior.
Se corresponden con restos de pequeños grupos nómadas que ocupaban la Cova Foradada y los barrancos orientados hacia el mar en el Cabo de San Antonio. También aparecen restos de esta época en la Cova ampla o del Montgó.
Las comunidades de esos hombres primitivos conseguían sobrevivir gracias a la caza, a la recolección y al marisqueo de la zona.

Neolítico:

A partir del 5.000 a. de C. aparecen las primeras muestras de culturas centradas en la agricultura y en la ganadería con la domesticación de animales. Coincide también con la aparición de la cerámica y de la piedra pulimentada.
Se han encontrado puntas de flecha, fragmentos de vasos y diversos utensilios de piedra tallada y hueso, así como restos de enterramientos humanos de esta época en la Cueva del Montgó, y en la Cova del Barranc de Migdia donde además aparecen pinturas esquemáticas.

Edad del Bronze:

A finales del 3.000 a.C., con los primeros poblamientos, los enterramientos colectivos en cuevas y los primeros utensilios de metal comienza la Edad del Bronze.
Las cuevas que más información nos han dado han sido la Cueva del Montgó y la Cueva del Barranco de Migdia.
Los poblados se situaban en lo alto de pequeñas elevaciones de terreno, como el que se encontraba en la ermita de Santa Llúcia de Jávea.

Íberos:

En el siglo VIII a.C. los contactos con comerciantes fenicios y griegos establecen definitivamente la aparición de la primera cultura autóctona en la península: la cultura ibérica.
En el alto de Benimaquia, se sitúa un importante poblado íbero del siglo VII a.C donde aparecieron ánforas fenicias, relacionadas con la elaboración y el comercio del vino.

Los hallazgos de diferentes materiales arqueológicos en forma de cerámica, monedas, adornos... en la zona del Coll de Pous y en la plana de justa (S. IV a.C.) y en la Peña del Águila con sus murallas defensivas, confirman la presencia de los Íberos hasta el S. I a.C.

Estos y otros hallazgos nos hablan de la importancia que tenía el Montgó, principalmente como atalaya defensiva, para nuestros ancestros.

Romanos:

 Los romanos siguieron utilizando el Montgó como lugar de observación y vigilancia para la protección del cada vez más importante puerto comercial de Dianum ( Dénia), que ya era un Municipum romano en el siglo I d.C.
Los museos arqueológicos de Dénia y Javea, conservan muestras de platos de cerámica adornada, monedas, pesos para telares y redes, capiteles, además de ánforas y anclas, de aquellos siglos.
En la Cova de l'Aigua podemos observar una inscripción romana que nos documenta la existencia en el Montgó de un destacamento militar, probablemente para la vigilancia de la costa. Hacia el año 238 d. C., Lucius Alfius Donatus se encarga de la realización de este epígrafe, que evidencia la presencia en los alrededores de la cueva de una "vexilatio" de la legión VII Gemina, al mando de Caius Iulius Urbanus. Se trata de una inscripción excepcional para el conocimiento de la actividad militar en la Tarraconense, y valora la montaña del Montgó como punto de interés estratégico y de control del territorio circundante.

Musulmanes:

Tras el desembarco de los musulmanes en España en el 711, en el 713 ya se hallan instalados en estas tierras.
En el siglo XI y con el objeto de defender las costas de invasiones, se instaló en Dénia una dársena militar que supuso un auge para el desarrollo de la ciudad.
En 1.014 se declaró la taifa de Dénia a la que correspondían las tierras del sur de Valencia.
Abu-Abdalla define la comarca de esta manera:
"Dénia es una ciudad situada sobre la orilla del mar, muy populosa y bella. A esta ciudad acuden muchas embarcaciones y hay un arsenal para su construcción.
A su parte meridional hay un monte grande, de forma redonda, desde cuya cima se descubren los montes de Ibiza en alta mar. Este monte se llama Caon" - De donde puede haber derivado: Mont Caon, Mont-Gaun, el actual Montgó.

La influencia musulmana es apreciable en toda la zona: topónimos, costumbres, incluso la gastronomía nos muestra la importancia que tuvo aquella cultura en estas tierras, que no finalizó con la conquista de Jaume I en 1244.

Época medieval y posterior:

Numerosas ermitas de las denominadas "de reconquista", se construyeron a partir del S. XIV las podemos encontrar rodeando el Montgó: el Popul, Santa Llúcia, y la Iglesia-fortaleza de San Bartolomé, en Javea, o las ermitas de Santa Paula, San Joan, y santa Llucia en Dénia. Se trata de pequeños edificios destinados al culto religioso que, aunque la mayoría han sido "engullidas" por urbanizaciones en las últimas décadas, siguen tenido una fuerte vinculación tradicional y afectiva con la gente que tiene sus tierras de cultivo cercanas a las ermitas..

Algo similar ocurre con el Monasterio de Nuestra Sra. De los Angeles situado en les Planes, que si bien el edificio actual es de construcción reciente, sus orígenes se remontan al S. XIV, siendo saqueado y abandonado poco después. El convento permaneció en ruinas hasta que en 1760 se procedió a su restauración, y hace unos años se volvió a restaurar.

Muy cerca del monasterio se sitúa un singular conjunto de 11 torres de antiguos molinos de viento, construidos entre los siglos XIV y XVIII, donde se molía el trigo con la fuerza del viento que allí sopla casi constantemente.

A partir de siglo XVI fue una constante el acoso de la piratería berberisca sobre las poblaciones del litoral mediterráneo.
Para defenderse de las incursiones piratas, se creó una infraestructura de vigilancia consistente en una red de torres vigías y fortificaciones a lo largo de toda la costa mediterránea. En el Montgó todavía se conserva la Torre del Gerro, situada en lo alto de les Planes al final de les Rotes, en ella se puede ver perfectamente el escudo de Carlos I, bajo una de sus ventanas .

 

Actividades tradicionales

Hasta la gran revolución que supuso en todos los sentidos la explosión turística del último tercio del pasado siglo, las actividades económicas que tradicionalmente se realizaban en la zona eran: la agricultura, la pesca, el comercio marítimo, y la artesanía basada en el palmito.

Los principales cultivos eran de secano: vides, olivos, algarrobos, higueras, almendros, trigo... cubrían las tierras de labor, todos ellos cultivos mediterráneos comunes a la cuenca del Mare Nostrum. Más allá de su estricto valor alimenticio, nos hablan de toda una cultura y una historia, que implica desde los albores de nuestra civilización, a los habitantes de estas tierras. Solo los libros sobre el vino o el aceite de oliva bastarían para llenar bibliotecas enteras; las tradiciones, cultura, gastronomía, e incluso la religión de la cuenca mediterránea, se encuentran impregnadas y relacionadas con estos cultivos, que han llegado a formar parte de un estilo de vida: el Mediterráneo.

El importante crecimiento de la población durante los últimos tres siglos llevó al aprovechamiento de cualquier terreno que pudiera ser transformado en agrícola, y el Montgó no fue una excepción. Incluso las zonas más descarnadas de las cumbres, o las de mayor pendiente se aprovecharon para pastoreo, obtención de leña, y para la recolección del palmito que se empleaba en la producción artesana de capazos, cestas, alfombras y otros útiles.

En las últimas décadas del siglo XIX, la fuerte demanda de pasas para consumo propio y para exportación propició el aterrazamiento de las laderas del Montgó para el cultivo de la uva de Moscatel. Actualmente las vides que todavía persisten en la zona, se destinan a la producción de vino dulce en su mayor parte, la afamada Mistela de la Marina Alta. Estos bancales han sido la mayoría abandonados por la dificultad de acceso y su escasa rentabilidad. En las zonas todavía productivas con mayor disponibilidad de agua se cultivan cítricos.

El mar mediterráneo ha ofrecido sus abundantes frutos a incontables generaciones de pescadores. Peces, moluscos, y mariscos han formado parte del aporte proteico básico para la población de los municipios de la comarca y ha favorecido el desarrollo de una rica gastronomía basada en estos productos.

En la actualidad estos usos tradicionales se encuentran en franca regresión y en grave peligro de desaparición, debido a los cambios en las estructuras económicas de la Marina Alta que, centradas en el turismo y la construcción, ya han modificado de forma evidente el estilo de vida, las costumbres y tradiciones, e incluso el paisaje, de la zona.